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40 años "Estudiantes Campeón Mundial"

 

 

 

 

Reino Animal´s
El capitán y el goleador, Cacho Malbernat y la Bruja Verón, rememoran la gran hazaña, junto a Carlos Rodríguez Duval, quien cubrió la final en Old Trafford

Las Copas están ahí. Y la placa con cada uno de los nombres del plantel. La camiseta a bastones y las fotos del nuevo estadio envueltas en la mística que sobrevuela el aire del tranquilo salón de la sede, en el centro mismo de La Plata. Está el capitán y el goleador de aquel equipo glorioso: Oscar Malbernat y Juan Ramón Verón. Está un periodista que cubrió la final en Inglaterra, Carlos Rodríguez Duval.

Está la hazaña rondando cada palabra de la charla.

RD: -En Londres, apenas llegamos, pasaron una película por canal Granada, un compilado de infracciones de Estudiantes en el partido de ida. No había sido para tanto, todo lo contrario de lo que sucedió en el 69 con el Milan. Stanley Rous, el presidente de la FIFA man- dó disculpas a la AFA.

M: -Le sirvió para calentar a su público. Venían calientes del Mundial 66. Nos decían "Animals", nos insultaban, nos tiraban monedas.

RD: -Estaba el antecedente de Racing-Celtic del 66. En días previos, ustedes denunciaron una pedrea. Y el dirigente Ruben Lachaise debió ponerse a cocinar.

M: -Tenés que estar en todo. Sí, el gordo Lachaise preparó las comidas, por las dudas... Si eras medio nabo, no podías jugar...

V: -Le tenían idea al fútbol argentino, no a nosotros, un equipo chico, del interior, que logró la hazaña de ser campeón por primera vez del Metro, América, el Mundo. Era simpático, menos para los ingleses.

RD: -A pesar de que ustedes les tiraron flores al público para congraciarse.

M: -Sí, una idea de José María Otero, un periodista de La Razón: los conocía bien. Zubeldía, que estaba en todo, lo aprobó. Nos pusimos un buzo y fuimos a la cancha. Los que tenían cámara, sacaban fotos. Pero nos tiraban de todo.

RD: Sabían cómo jugaba el Manchester. Juan Urriolabeitía (colaborador) y Jorge Kistenmascher (PF) fueron a Lymm, a espiarlos y trajeron una filmación.

M: Sí, pero además Osvaldo nos llevó a Bilardo y a mí a ver un partido en Inglaterra. E incluso, antes de la revancha, lo vimos ante el Liverpool: en la tribuna, los hinchas tenían fotos nuestras.

V: -Habíamos ganado en Buenos Aires y llegamos muy tranquilos al la revancha, con mucha confianza. Todos: dirigentes, cuerpo técnico y jugadores.

M: Zubeldía planificaba todo. El nivel de inteligencia de ese equipo era altísimo. Sabíamos lo que queríamos.

RD: El inglés era un gran equipo. El cerebro era Bobby Charlton. Y lo tenían a Best, a Denis Law... En esa final no jugó Manera. Vos, Cacho cambiaste de lateral para marcar a Best.

M: A veces se tiraba a la derecha, a veces a la izquierda. Acá jugaron de contra y él era muy rápido. A Law lo ablandaba Aguirre Suárez y después lo agarraba Madero, je... Togneri fue sobre Charlton. Los otros se encargaron de Stiles, un Braña pero peor: te ponía los tapones de punta. Lo echaron acá.

V: -Fueron muy diferente los dos partidos. Acá perdieron 1-0 y festejaron.

M: -Nosotros también festejamos. Lo único que nos importaba era ganar. Y encima, en Manchester, éste metió un gol en seguida...

RD: El gol desconcertó al Manchester. Fue jugada preparada. Vos, Juan, esperabas el centro pasado.

V: Osvaldo ponía una planilla: quién va al palo, quién a la pelota, quien acá, quién allá, los posibles reemplazos, todo. Podía cabecear yo o cualquiera. Madero le daba de chanfle y la pelota se alejaba del arco.

RD: -Ellos se vinieron con todo. Ustedes, al principio la tiraban a cualquier lado. Después se asentaron.

V: -Sí, al principio, de punta... para respirar un poco. Después nos acomodamos y terminamos mejor nosotros. Incluso, estábamos 1-0, y hubo una jugada de Conigliaro, de las que amagaba y amagaba... Yo sabía que a la larga la iba a tirar. Y sí, tiró el centro: yo cabeceé al segundo palo y la sacaron en la línea...

RD: -Esa vez no pudieron ablandar al árbitro. Ustedes le hablaban incluso a los líneas por el offside.

M: -No podíamos hablarle porque no se escuchaba nada. Había un bullicio tremendo. Si terminó el partido en una jugada de ellos: Poletti la dejó pasar con la mano levantada. Yo corría y no entendía nada. Me volví loco. Cuando me di vuelta, vi a los demás festejando... Después sí hubo silencio.

V: -Nos dieron la Copa en el vestuario y no nos dejaron entrar al tercer tiempo. Tenían preparada la fiesta: familias, mujeres con tapados de piel, masas secas... No nos dieron ni café. Nos fuimos al hotel y cantamos el himno en el ómnibus...

M: -'Y la Libertadores? Eliminamos a Racing, que venía de ser campeón y debíamos jugar la final con Palmeiras. A la noche, en el hotel Nogaró, vino un mozo con un paquete: era la Copa que la mandaba el presidente de Racing...

Al maestro, con cariño. Pasa otra vuelta de café. Pasa un chico y le habla a la Bruja de la Brujita. Pasa otro hincha y pide un autógrafo. No pasa la nostalgia y ni emoción cuando llega el momento de pintar a Osvaldo Zubeldía.

RD: -Fueron campeones antes de llegar a Primera: "La Tercera que mata".

V: -Luego nos agarró Zubeldía y explotó lo mejor de cada uno. Cacho sabía marcar: lo puso a marcar. Madero, que era 5 y lo llevó a la cueva. Hizo un equipo en el que todos eran figuras.

M: -Trabajaba, en una época en que los demás hacían sólo prácticas de fútbol. Una vez, en la Selección, el técnico apenas me dijo: "El puntero es hábil". ¡Nada más! Zubeldía daba hasta el color del calzoncillo del rival.

V: -En la concentración estaba con la radio en la oreja para escuchar noticias de los otros equipos. Si ganamos, festejamos hoy, mañana otra cosa. Y si perdíamos se ponía inaguantable. Bilardo salió a él... Nunca nos jodió que fuera así: si no parábamos de ganar...

M: -Sabía copiar. La ley del off side la copió de un equipo checo. Vino, nos puso una pizarra con fichas, y explicaba. Al principio no entendíamos nada...

RD: Argentino Geronazo era el espía de rivales. Un estudioso de táctica y estrategia. Escribió un libro con Osvaldo y otros solo.

M: -Todo el cuerpo técnico era impresionante. En días previos a la final, el médico Roberto Marelli puso en el vestuario: "La palabra imposible figura en el diccionario de los idiotas".

V: -Más que médico era un psicólogo. Nosotros éramos chicos. La mayoría no tenía más de 23. ¡En aquella época! Los más viejitos eran Bilardo y Madero...

M: - Apenas agarró Osvaldo hicimos dos giras: eso ayudó a formar al grupo. Eran clásicos los entretiempos de los partidos. Primero, un rato de silencio; después cambiábamos opiniones entre nosotros. Ahí sí se metía Osvaldo y decía qué había que hacer. Ese día, en Manchester, nos dijo que no aflojáramos, que ellos estaban cagados, que no nos dejáramos meter atrás, que no nos desesperáramos... Era sencillo, nada misteriosos. Muy vivo, muy intuitivo, un adelantado de la época.

RD: -Siempre jugaron al límite. Ya había hecho algo Lorenzo en San Lorenzo, pero ese Estudiantes sistematizó el pressing, que se empezó a utilizar mucho.

M: -Con nosotros los demás debían trabajar. Por eso inventaron lo de los alfileres y esas cosas. Salvando la distancia, ese equipo podría jugar hoy perfectamente.

V: -El único equipo comparable en la historia fue el de Ferro de Griguol... Cinco años nos mantuvimos arriba. Molestábamos. Para otros técnicos era más fácil decir: "Con este equipo no se puede jugar".

M: -Había mucha disciplina. Pero cada uno tenía su carácter. Madero no hablaba, tocaba el piano, tenía una enorme personalidad. Aguirre Suárez metía por todos. La Bruja no hablaba mucho, como ahora, je, pero ¡cómo jugaba!.

V: -El más divertido era Bilardo. Tenía cosas originales. Con Togneri se iban a cazar: trajeron una lechuza y no parábamos de perder. La tiraron, pero para echar la mufa, Carlos trajo un estatua: un culo de cemento. Cuando venía alguien la teníamos que tapar...

M: -El nuestro sí que era un equipo europeo.

RD: -Pero ustedes no tenían un Bobby Charlton.

M: -¡Cómo! A Bilardo...

RD: -No es lo mismo...

V: -Marelli decía que esa final era el choque de un equipo de jóvenes contra una sociedad anónima. Fue un equipo de 100 millones contra uno de 100 mil.
 

Los héroes de Manchester
 

A cuatro décadas exactamente hoy de la hazaña de clasificarse campeón Intercontinental alegrando como nunca a nuestra Región en particular y a la Argentina deportiva en general, varios matices agigantan la epopeya de aquellos héroes de Manchester dándole a aquellos gladiadores de Zubeldía una dimensión especial.


El plus que significa haber logrado dar la vuelta olímpica en Old Trafford, uno de los mayores templos del fútbol de Inglaterra junto con el legendario Wembley sorteando invicto ese último escollo hacia la gloria fue lo máximo. Pero también lo es que para llegar allí, a esa batalla final de la guerra por la Intercontinental en la propia cancha del Manchester de Bobby Charlton y George Best entre otras estrellas, debió ese equipo de Estudiantes ir superando a conjuntos de América singularmente difíciles.

En una inolvidable semana de 1967 ganó impecablemente 3 a 0 un clásico a un competitivo equipo de Gimnasia. Días más tarde en la Bombonera, luego de ir perdiendo 3 a 1 en inferioridad numérica dejó atrás al difícil Platense de Angel Labruna y un domingo soleado en el Viejo Gasómetro se coronó por primera vez campeón de Argentina goleando 3 a 0 al entonces campeón Intercontinental, Racing. En el torneo siguiente, el Nacional, reivindicó virtudes y se clasificó
subcampeón invicto aventajado por Independiente.

En la Libertadores dejó atrás a muchos equipos, pero se recuerdan especialmente Independiente, campeón argentino y un rey de copas, el Racing de José otra vez en tres choques memorables de semifinal, y en la final al Palmeiras, tambièn en tres partidos electrizantes.

Así llegó a Manchester, luego de una primera final en la Bombonera donde el equipo inglés se fue festejando un 1 a 0 adverso creyendo que en tierra inglesa era una fija. No contó con el carácter de Estudiantes, capaz de cualquier hazaña.

Coraje, temple, mancomunión, gran preparación anímica, táctica, física, y con técnica individual en algunos integrantes como Verón, Madero, Manera y con el respaldo de un cuerpo técnico de mucha capacidad, además de dirigentes como Mangano y Lachaise entre otros, a tono exacto con las virtudes colectivas, jugaron papel preponderante para llegar a la cima mundial.

Jugaban "con la mente, el tórax y el alma" como decía el querido colega Osvaldo Ardizzone. Y con un equilibrio y concentración extraordinarios para no perder en el medio juego, ser estructuralmente muy sólido en defensa, y con variantes con pelota parada o la exquisitez de Verón saber lastimar al rival por más calificado que sea.

Por eso en el momento estelar como el de Manchester, que les llega a unos pocos elegidos, Estudiantes supo conservar esa serenidad y frialdad formidables piedra de toque para la claridad de ejecución. Llegó tempranamente el centro milimétrico de Madero, el cabezazo preciso de la Bruja, con una prestancia y eficacia perfecta para que aquel lluvioso 16 de octubre de hace 40 años la Copa Intercontinental colmara la gloria albirroja para siempre.

JUAN RAMON VERON

"Nos sentíamos invencibles y era difícil que nos ganaran"

Juan Ramón Verón es el hombre más recordado de aquella final en Old Trafford. Haber marcado el gol que puso a Estudiantes transitoriamente 1-0 arriba en el marcador frente al Manchester United, lo marcó para siempre y dejó un sello imposible de borrar con el paso de los años.

Más allá que el conducido por don Osvaldo Zulbeldía era un equipo compacto, que no desentonaba en ninguna de sus líneas, el tanto que aportó la "Bruja" aquel 16 de octubre de 1968 fue clave para lograr el punto más alto que cualquier jugador anhela: ser el mejor del mundo. Hoy, 40 años después de tamaña hazaña, lo primero en lo que piensa Verón a la hora de recordarla es "en los compañeros, aquellos que están y los que no están, porque eso nos marcó a todos".

Sin duda alguna que ser campeón del mundo no es cosa de todos los días, pero "en ese momento lo tomamos como algo normal porque teníamos un equipo respetado. Adonde jugábamos el rival nos tenía un gran respeto" contó el delantero; y fue más allá: "los resultados fueron lógicos porque lo veíamos como una consecuencia de todo eso. Podíamos ganar en cualquier lado. Ahora esto parece un sueño, pero ya lo vivimos y lo pasamos".

Los dedos de las dos manos sobran para contar cuántos equipos argentinos fueron los mejores del planeta entero (Racing, Independiente, Boca, River, Vélez y el propio Estudiantes). De ahí que haber sido el elegido para levantar la Intercontinental no es poca cosa. Pero realmente Juan Verón tomó dimensión de lo alcanzado cuando "dejé las canchas porque mientras estás jugando, te dejás llevar, estás preocupado por lo que viene... La gente y el periodismo después te hace recordar todo eso y decís ´la pucha, hicimos algo´. Eso es muy lindo".

Aquella estadía en Inglaterra la recuerda con nostalgia: "viajamos una semana antes, nos preparamos muy bien. Fuimos a ver algún partido de ellos para conocerlos mejor. Entramos a la cancha 40 minutos antes a dar una vuelta para ver cómo nos recibía el público. Después, ya cuando entramos a jugar, estábamos preparados". El grito de "Animals" por parte del público local, cuando el equipo realizó la entrada en calor, no pasó desapercibida y se ganó titulares de muchos diarios del mundo. "Ellos gritaban pero nosotros teníamos 23 años y no nos importaba nada. Como cuando fuimos a jugar a Uruguay, o en la cancha de Boca, jugábamos en todos lados igual sin importarnos nada. A esa altura no nos afectaron los gritos".

LA GRAN FINAL

"La del gol fue una jugada preparada, que la hacíamos siempre e hicimos muchos goles así. Fue después de una pelota de izquierda de tiro libre que lo hizo Raúl Madero. Arrancaron los centrales, y algunos delanteros, yo cortiné y ellos venían de atrás. Entré prácticamente limpio y pude marcar de cabeza", relató Verón la conquista que más tarde sería decisiva para que el Pincha se vuelva a nuestra ciudad con el título más importante del fútbol a nivel mundial. "Ese gol fue la culminación de la campaña que habíamos iniciado en el año ´65. Fueron tres años de trabajo y de jugar, porque el equipo estaba muy bien armado", manifestó.

Además recordó que "Zulbeldía siempre me pedía lo mismo. Yo era el delantero de punta que teníamos y jugaba arriba. Tenía dos complementos extraordinarios como Marquitos Conigliaro y Felipe Ribaudo. Yo me movía de acuerdo a cómo venía el juego, por derecha, por izquierda o por el medio. Me complementaban muy bien entonces yo tenía mucha libertad para crear algo". Y agregó que el técnico "me daba mucha libertad y me decía que juegue. Nos entendíamos muy bien con mis compañeros porque teníamos un trabajo bárbaro".

A la hora de hablar sobre las cualidades que llevaron a éste Estudiantes a conseguir la Copa Intercontinental, Juan Ramón Verón explicó que "el equipo estaba muy adelantado. Nosotros no perdíamos nunca y eso nos daba más ganas. Nos sentíamos invencibles y era difícil que nos ganaran. Eso nos daba una confianza enorme y se notaba adentro de la cancha".

Por último, la Bruja definió con una frase lo que para él significó formar parte de un elenco que ganó todo: "fuimos un grupo de jóvenes que con muchas ganas y mucho trabajo, logramos llegar a lo que nos propusimos. Queríamos estar en la final y ganarla, y lo hicimos". Es por ello que su gol en Old Trafford fue clave para meterse, a puro coraje, en la historia grande del fútbol mundial.

CARLOS PACHAME

"Quedó algo más que un título del mundo"

Si aquel equipo de don Osvaldo Zubeldía tenía un caudillo, nadie puede negar que ese mote era para Carlos Pachamé. Dueño del medio campo, con su camiseta con el número 5 estampado en la espalda, era la voz de mando y con sólo su presencia le bastaba para imponerse dentro de la cancha.

Pacha no fue uno más. Verdaderamente se transformó en un jugador clave para el andamiaje de aquel elenco campeón de todo. Y su temperamento, su juego impetuoso y sus gritos que servían para alentar a los suyos y atemorizar al rival, fueron su valioso aporte en la final del 16 de octubre de 1968. Enfrente estaba el Manchester, en su casa, con su gente, y había que mostrar presencia, hacerse fuerte y decir "acá estamos nosotros". Pachamé se encargó de eso.

"Cuando salía a la cancha para jugar me repetía una y mil veces que tenía que ser el mejor. Así me pasé 17 años como profesional creyendo que iba a ser mejor", tiró el volante a la hora de recordar sus épocas como jugador. Y esa noche en Manchester "sentí lo mismo. Sabíamos que podíamos ganar el partido y lo hicimos, a pesar que ellos en su cancha se sentían invencibles", se despachó.

Sin duda que no fue tarea sencilla traerse la Copa Intercontinental pero "Osvaldo (Zubeldía) tenía estrategias que nadie conocía y eso nos ayudó mucho a ganar en Manchester" recordó. "Nunca vi un equipo que por tres o cuatro años ganara tantos títulos como nosotros", dijo orgulloso Carlos Pachamé, y agregó que "lo que hicimos creo que va a ser muy difícil de que se repita".

EL SENTIMIENTO

Estudiantes no fue un club más en la carrera de Pacha. Y a lo largo de la nota no se cansó de repetir lo orgulloso que está de haber pertenecido a aquel equipo multicampeón porque "quedó algo más que un campeonato del mundo, tres de América o cualquier partido. Quedó esta amistad de años", confesó.

La unidad del grupo fue otro de los bastiones que llevaron a conseguir semejante logro. "Todos juntos nos hacíamos fuerte. Salíamos a ganar en todos lados porque creíamos que podíamos. Por eso estábamos convencidos que al Manchester podíamos ganarle", manifestó el volante que inclinaba su torso hacia adelante, agachaba la cabeza y, con los brazos abiertos, ordenaba el medio campo.

"Con mucho orgullo tengo que decir que he sido jugador de fútbol, he hecho de mi vida una profesión de jugador de fútbol, y eso me pone muy contento", contó. Y se definió así: "Como jugador me calificaría con un 6. Era regular. Me faltaba talento para definir. No pensaba con velocidad, jugaba bien como volante pero cuando iba para adelante perdía velocidad, no levantaba la cabeza y por eso perdía visión".

En tanto, reconoció que en su carrera tuvo "consejeros importantísimos" y entre ellos se encuentran "Miguel Ignomiriello, Osvaldo Zubeldía, para mí un fenómeno como director técnico y, principalmente, el profesor Jorge Kistenmacher. A los tres les debo muchísimo".

De todas formas, no siempre las cosas fueron color de rosa. "Siempre tuvimos un ochenta o noventa por ciento de enemigos en esa época, pero estábamos acostumbrados", recordó, y agregó que "cuando entrábamos a la cancha y nos insultaban estábamos tranquilos, pero cuando había aplausos, nos mirábamos y decíamos ´algo raro pasa´".

A 40 años de haber disputado la final del mundo en el mítico Old Trafford, Pachamé aún mantiene vivo el recuerdo de aquella noche memorable. "Es imposible olvidarse porque ese título marcó al club", puntualizó. Y esa marca tiene su sello porque Carlos Pachamé fue parte de una historia que ni el paso del tiempo podrá borrar.

 CARLOS SALVADOR BILARDO

"Si a nosotros nos insultaban, ganábamos seguro"


"Los ingleses eran más vivos que nosotros". La frase, aunque pareciera sacada de contexto, pertenece a un referente de la gesta de Old Trafford: Carlos Salvador Bilardo. Uno de los protagonistas de aquel 16 de octubre de 1968, quien recordó los momentos vividos en la carrera el campeonato del mundo hace exactamente cuarenta años atrás, en una sucesión de anécdotas imperdibles. Además de dar su particular visión de la hazaña conseguida en Inglaterra. "¿Ya pasaron cuarenta años?, la pucha que pasa el tiempo", reflexionó.

FELIPE RIBAUDO

"Fue una gran epopeya"

"Lo de Manchester fue grandioso. La estrategia de Zubeldía genial y desde el primero al último dejamos todo para traer el título que resultó fruto del trabajo fuerte hecho con compañerismo, humildad, de una disciplina extraordinaria. Yo llegué a Estudiantes con 26 o 27 años en trueque por el Zurdo López, gran zaguero. Me impactó lo gran formado del plantel desde la tercera. Enseguida parecía que hubiera estado allí toda la vida. Por eso lo de Manchester no nos extrañó por más difícil que haya sido porque dejamos el alma", evocó Ribaudo, quien fue un león para recuperar hasta promediar el segundo tiempo cuando lo reemplazó otro grande: Juan Echecopar

 

OSVALDO JUAN ZUBELDIA

"No habrá ninguno igual"

"Uno no quiere vivir de recuerdos. Se pasa la vida trabajando como siempre, con la misma o mayor intensidad buscando superarse en el intento de lograr los objetivos máximos a lo que debe aspirar cualquier equipo. Y siempre se trabaja en función de lo que tiene disponible en cada plantel. Pero volver a acordarse una y otra vez de ese Estudiantes tantas veces campeón que uno tuvo el privilegio de dirigir es imposible. Es que desde la ciudad, lo que es la gente simpatizante de ese club que me colma de cariño cada vez que nos encontramos aquí en la Capital o en cualquier lado del interior y del exterior, es demasiado. Vos me preguntás si fue el equipo mejor que dirigí y te contesto que si sin ninguna demagogia. Un plantel de esa capacidad, sin vedettismos, con esa riqueza es increíble. Se que sufrimos críticas por ese asunto del antifútbol que se hablaba y se que cada uno tiene el derecho a opinar como quiere y eso lo respeté siempre. Pero en ese tiempo también había algunos como Adolfo Pedernera, Néstor Pipo Rossi, Juan José Pizzutti mismo y eso que con el equipo de él Racing nos enfrentamos varias veces que nos respetaba como nosotros respetábamos a todos. Y había grandísimos equipos además de Estudiantes. Ese mismo Rácing, Independiente y San Lorenzo en nuestros años de gloria y por supuesto River y Boca. Pero volviendo al tema del que hablamos, el fútbol argentino, hoy en los ochenta, y lo dije varias veces, más quisiera tener un equipo como aquel Estudiantes que era casi de una estructura ideal. Nosotros teníamos gente como Pachamé, Aguirre Suárez, Togneri, Malbernat, Medina con mucha marca y lucha, alguien de la inteligencia para la estrategia como Bilardo que sabía todo y ahora lo demuestra como técnico, goleadores como el Bocha Flores y Conigliaro y varios habilidosos como la Bruja Verón, un fuera de serie, Madero y Manera, pero con esa habilidad puesta al servicio del equipo.

Zubeldía confesó que nunca dirigió equipo igual a aquel Pincha supercampeón


Con dirigentes como Mangano o Lachaise, el doctor Marelli, Jorge Kistenmacher, Ignomiriello, Urriolabeitia, entre otros porque no me quiero olvidar de nadie, la conjunción hacía que lograr todo lo que se logró en América y el Mundo pareciera sencillo...". Extracto de una larga charla de EL DIA y El Gráfico con Zubeldía en el Aeroparque Metropolitano a comienzos de los ochenta, varios meses antes de su temprano deceso en enero del 82. (H.C)

 

RAUL MADERO

El hombre de la elegancia señorial tanto dentro como fuera de la cancha

 

Una Copa siempre es una copa. Pero ser parte del equipo que alcanzó un Campeonato del Mundo es una sensación incomparable. Hoy, a 40 años de aquella gloriosa gesta, Raúl Madero revivió lo que significó para Estudiantes alzarse con el máximo galardón al que puede aspirar un equipo de fútbol: convertirse en el mejor del planeta. "La ecuación perfecta que se formó entre el equipo-cuerpo técnico y dirigentes fue lo que nos llevó a triunfar", explicó.


"Lo distintivo fue la conjunción de esas tres cosas, aunque algunas brillaron más que otras. Entre ellos la calidad de dirigentes que tenía Estudiantes en aquella época. Un verdadero lujo. Manejar un club con dinero era fácil, pero eso era lo que precisamente no sobraba en Estudiantes. Pero lo manejaron bien, pese a que había pocos socios y no había ingresos por televisión como existe ahora. El presidente (Mariano) Mangano una vez nos pagó con su chequera personal debido a que el club estaba un poco corto de dinero. Esos son gestos de grandeza y amor por el trabajo que son un verdadero ejemplo", recordó Madero.

El doctor Madero fue el zaguero central del equipo de Osvaldo Zubeldía. El Tordo, llegó a Estudiantes procedente de Boca en el año 1964. Ya a los pocos meses de su llegada, Zubeldía había empezado a moldear el equipo que luego triunfaría en Inglaterra, tal como él lo explica: "en el año 65´, Zubeldía empezó a moldear el equipo que tenía que armar para lograr lo que ya venía diagramando en su cabeza: llegar a la final de la Copa. Hacia fines del 66´ el equipo campeón ya estaba gestado. Nos adiestró, nos enseñó cosas nuevas cada día y nos dijo que él creía que Estudiantes estaba para pelear. Mejoramos la técnica, los movimientos con la ayuda de Marelli, Kistenmacher y todos los que lo ayudaban".

El conocido periodista de aquella época, Diego Lucero, una vez escribió: "Madero era el resumen de la ciencia y el arte de jugar al fútbol. El de la elegancia señorial y el andar con pies de pluma, que entre otras mil virtudes disparaba aquellos tiros libres que tenían la fineza de un solo de violín". Madero lo que mejor recuerda hoy de sus épocas de jugador era la simpleza, lealtad y humildad que tenía como jugador. "Pachamé y yo jugábamos de cinco, pero Zubeldía un día me dijo que yo rendía mejor por adentro que por afuera", recuerda. "Póngalo a Pacha 3 o 4 partidos, si él anda bien, me voy a otro puesto o dejo el equipo", le dijo convencido al DT en aquel momento.

"Pero por suerte se cumplió ese viejo aforismo que reza que lo que no arregla el hombre lo arregla Dios. En un partido contra Platense se lesionó Barale, que fue reemplazado por Spadaro. A mí me puso de cinco y Pachamé jugó de tres. Luego vino una gira por Europa y Zubeldía me dijo: estuve pensando y Pachamé va ir de cinco y usted de líbero". Yo le contesté la verdad: que si en el medio me bailaban, atrás me iban a pasar como alambre caído. Pero me equivoqué. Y ahí Don Osvaldo me demostró la calidad y visión perfecta que tenía de cada uno de nosotros ya que en ese puesto funcioné como él esperaba".

En medio de toda la alegría que le produce al doctor Madero recordar aquellos años de gloria, el recuerdo de su partida de Estudiantes (y retiro del fútbol con la camiseta que amó) se cae de maduro como un recuerdo que quiere hacer desaparecer. "Fue muy duro y emocionante a la vez. Recuerdo que los reuní a todos en el country y les comuniqué que había decidido abandonar el fútbol. Le agradecí uno a uno los momentos lindos que pasé y que nunca olvidaré". Sus compañeros lo escucharon y desde luego que aceptaron tamaña decisión. "Para mí fue un desahogo importante por los momentos que viví con ellos. Pero hoy, cuarenta años después, volver a juntarnos, con los papás de Bilardo o poletti, los hermanos de Manera o la familia de Marcos (Conigliaro) me devuelve la gratificación".

 AGUIRRE SUAREZ, TOGNERI Y MEDINA

El lema, "por aquí no pasa nadie"

Todos rindieron a su más alto nivel en aquella finalísima de Manchester, pero el "no pasarán" era clave. Había que anular a dos genios, el máximo estratega del Manchester, Bobby Charlton, y de eso se encargó como en la Bombonera, Néstor Togneri cumpliendo a las mil maravillas la función que le adjudicó Zubeldía. De George Best, el mejor puntero derecho de Europa, para muchos fue maniatado por el Tato Medina al punto que ambos fueron expulsados cerca del final a causa de la irritación e impotencia del genio irlandés. Aguirre Suárez fue como siempre una muralla infranqueable en la zaga.

"Bobby Charlton era un gran jugador, muy hábil, inteligente y experimentado. Una de las glorias del fútbol mundial. Las cosas me salieron muy bien. Lo marqué con gran concentración y un gran estado físico. Como todo el grupo yo estaba dispuesto a hacer cualquier sacrificio" (Togneri).

"Zubeldía formó un equipo increíble. Eramos todo para uno y uno para todos en la cancha. Ninguno mandaba más que otro y si teníamos que gritar todos lo hacíamos a todos. Lo de Inglaterra fue durísimo porque además querían sacarnos de la línea. Pero todos respondimos. Con Best fue un duelo grande y terminamos los dos afuera. Lo marqué a muerte y pude controlarlo" (Medina)

"Osvaldo fue un ejemplo total y me dejó grandes enseñanzas en los siete intensos años que jugué en Estudiantes. El equipo tenía orden, disciplina, respeto, humildad, todo...Sabíamos que si no fallábamos cada uno en su misión, el triunfo en Inglaterra iba a ser nuestro y así fue. El corolario de todo un gran trabajo" (Aguirre Suárez)
 

MARCOS CONIGLIARO
"En Manchester dimos ejemplo de que nunca hay que bajar los brazos"


Atacante potente. Buen cabeceador y encararon decidido del arco rival. Fue el autor del gol de cabeza con el que el equipo albirrojo se impuso por 1-0 en la primera final ante el Manchester United en la Bombonera el 25 de septiembre de 1968. Se trata nada menos que de Marcos Conigliaro, partícipe necesario de aquel Estudiantes que lograra la hazaña casi un mes después en Inglaterra.

UNA PARTE DEL TODO

Al hablar sobre lo que significó ser parte de un equipo tan importante para la historia albirroja por haber logrado alzarse xon un campeonato del Mundo, Conigliaro dijo: "cualquier jugador de fútbol que recién comienza tiene siempre un primer sueño que es de jugar en primera, luego salir campeón y si llega a campeón del mundo, la sensación se torna inexplicable. Nosotros logramos eso. Siendo muy jóvenes conseguimos algo que no es fácil. Pero con el equipo que teníamos podíamos lograr eso y mucho más. Era un equipo de hombres, había camaradería y respeto y, sobre todo, un gran DT".

POR QUÉ ELLOS PUDIERON

"Es difícil enumerar las cualidades que debe tener un equipo para alcanzar un campeonato del mundo. Los tiempos de antes y ahora son distintos, no equiparables. Es difícil, saberlo. Creo que con trabajo y mentalidad positiva todo se puede. Lo puede lograr un plantel de Estudiantes como el de ahora u otro equipo. A nosotros nos diferenciaba el trabajo. La forma y manera de trabajar que eran distintos a los del resto de los equipos. Por eso a la larga valoraron lo que pudo hacer un equipo -chico- que para todos fue muy meritorio".

EN CASA MANDO YO

"El gol que anoté acá en el partido de ida que se jugó en cancha de Boca fue importante porque además de la victoria, pudimos mantener el cero en nuestro arco. Recuerdo que fue a los 28 minutos del primer tiempo y luego aguantamos todo lo que quedaba del primero y todo el segundo tiempo. Nadie daba nada por Estudiantes y lo que podía hacer el Old Trafford pero realmente dimos cátedra de fútbol y fuimos ejemplo de que nunca hay que bajar los brazos hasta conseguir lo que uno se propone".

EL CIELO CON LAS MANOS

Ganar la Copa del mundo le hizo inflar el pecho a Estudiantes. Y no de agrandado. Sino que los rivales, si bien ya lo respetaban por todo lo que había logrado para llegar hasta ahí, lo miraban con otros ojos. "La Copa de Manchester marcó un antes y un después. Pero luego de ganar el torneo Metropolitano nos empezaron a respetar y valorar. Claro, éramos un equipo más, uno de los chicos. Ahí empezó toda una simpatía pro-Estudiantes. Eramos invictos, ganamos la Libertadores y ese amor se empezó a poner fastidioso porque empezamos a molestar", recordó.

Conigliaro tiene una vida ligada al fútbol. Hoy, con sus 63 años, su pasión por la pelota no descansa. Con su familia radicada en Quilmes, el destino lo encuentra a él trabajando en Santa Fe, a cargo de la coordinación general del Club San Jorge de esa provincia. Por eso los viajes para responder a los afectos y el trabajo lo convirtieron en un obligado viajante de fines de semana. Pese a la distancia y las ocupaciones, se tomó unos minutos para rebobinar su vida cuarenta años hacia atrás. "¿Cómo no voy a querer hablar de Estudiantes y aquella gloriosa época? Si ahí pasé los mejores momentos de mi vida".
RAUL MADERO
El hombre de la elegancia señorial tanto dentro como fuera de la cancha


Una Copa siempre es una copa. Pero ser parte del equipo que alcanzó un Campeonato del Mundo es una sensación incomparable. Hoy, a 40 años de aquella gloriosa gesta, Raúl Madero revivió lo que significó para Estudiantes alzarse con el máximo galardón al que puede aspirar un equipo de fútbol: convertirse en el mejor del planeta. "La ecuación perfecta que se formó entre el equipo-cuerpo técnico y dirigentes fue lo que nos llevó a triunfar", explicó.

"Lo distintivo fue la conjunción de esas tres cosas, aunque algunas brillaron más que otras. Entre ellos la calidad de dirigentes que tenía Estudiantes en aquella época. Un verdadero lujo. Manejar un club con dinero era fácil, pero eso era lo que precisamente no sobraba en Estudiantes. Pero lo manejaron bien, pese a que había pocos socios y no había ingresos por televisión como existe ahora. El presidente (Mariano) Mangano una vez nos pagó con su chequera personal debido a que el club estaba un poco corto de dinero. Esos son gestos de grandeza y amor por el trabajo que son un verdadero ejemplo", recordó Madero.

El doctor Madero fue el zaguero central del equipo de Osvaldo Zubeldía. El Tordo, llegó a Estudiantes procedente de Boca en el año 1964. Ya a los pocos meses de su llegada, Zubeldía había empezado a moldear el equipo que luego triunfaría en Inglaterra, tal como él lo explica: "en el año 65´, Zubeldía empezó a moldear el equipo que tenía que armar para lograr lo que ya venía diagramando en su cabeza: llegar a la final de la Copa. Hacia fines del 66´ el equipo campeón ya estaba gestado. Nos adiestró, nos enseñó cosas nuevas cada día y nos dijo que él creía que Estudiantes estaba para pelear. Mejoramos la técnica, los movimientos con la ayuda de Marelli, Kistenmacher y todos los que lo ayudaban".

El conocido periodista de aquella época, Diego Lucero, una vez escribió: "Madero era el resumen de la ciencia y el arte de jugar al fútbol. El de la elegancia señorial y el andar con pies de pluma, que entre otras mil virtudes disparaba aquellos tiros libres que tenían la fineza de un solo de violín". Madero lo que mejor recuerda hoy de sus épocas de jugador era la simpleza, lealtad y humildad que tenía como jugador. "Pachamé y yo jugábamos de cinco, pero Zubeldía un día me dijo que yo rendía mejor por adentro que por afuera", recuerda. "Póngalo a Pacha 3 o 4 partidos, si él anda bien, me voy a otro puesto o dejo el equipo", le dijo convencido al DT en aquel momento.

"Pero por suerte se cumplió ese viejo aforismo que reza que lo que no arregla el hombre lo arregla Dios. En un partido contra Platense se lesionó Barale, que fue reemplazado por Spadaro. A mí me puso de cinco y Pachamé jugó de tres. Luego vino una gira por Europa y Zubeldía me dijo: estuve pensando y Pachamé va ir de cinco y usted de líbero". Yo le contesté la verdad: que si en el medio me bailaban, atrás me iban a pasar como alambre caído. Pero me equivoqué. Y ahí Don Osvaldo me demostró la calidad y visión perfecta que tenía de cada uno de nosotros ya que en ese puesto funcioné como él esperaba".

En medio de toda la alegría que le produce al doctor Madero recordar aquellos años de gloria, el recuerdo de su partida de Estudiantes (y retiro del fútbol con la camiseta que amó) se cae de maduro como un recuerdo que quiere hacer desaparecer. "Fue muy duro y emocionante a la vez. Recuerdo que los reuní a todos en el country y les comuniqué que había decidido abandonar el fútbol. Le agradecí uno a uno los momentos lindos que pasé y que nunca olvidaré". Sus compañeros lo escucharon y desde luego que aceptaron tamaña decisión. "Para mí fue un desahogo importante por los momentos que viví con ellos. Pero hoy, cuarenta años después, volver a juntarnos, con los papás de Bilardo o poletti, los hermanos de Manera o la familia de Marcos (Conigliaro) me devuelve la gratificación".
 

OSCAR MALBERNAT
"Dimos la vuelta olímpica más silenciosa del mundo"

Oscar Malbernat fue el gran capitán del Estudiantes campeón Intercontinental. Y esa cinta en su brazo conllevó detrás una responsabilidad que no fue menor. Significó un símbolo que hasta hoy atesora y por el cual se siente orgulloso.

"Cuando me preguntan sobre esas finales lo primero que pienso es en todo lo que pasé anteriormente, es decir, cómo llegamos ahí. Cuando jugaba no tenía idea de dónde estaba parado. Sí éramos un grupo ambicioso", comenzó diciendo Cacho. Y recordó que "si hay una cosa que Osvaldo (Zubeldía) nos predicó fueron las ganas de pelear pelota y pelota, de no claudicar".

Por eso su paso por el Pincha lo marcó a fuego. "Siempre voy a ser un agradecido a Estudiantes porque me marcó para toda la vida. Me tocó dar seis vueltas olímpicas y eso no es poco. Además seguimos teniendo el reconocimiento de la gente del exterior, que te da la pauta de que fue histórico", contó. Y luego fue más allá: "es difícil explicar lo que significó porque encierra desde la formación que uno tuvo en el club, de los compañeros... Cuando salimos campeones nos estábamos abrazando en Manchester con un grupo que nos conocimos desde los quince años y con otros que habían llegado como Bilardo y Manera, que fueron un aporte tremendo de experiencia y buen compañerismo. No llegás a objetivos grandes si el grupo no es bueno".

Aquel 16 de octubre fue histórico. No sólo para el fútbol argentino, sino también para el que engloba todo el planeta. Y ante tal logro, Malbernat dijo que "recién ahora tomamos magnitud de lo que ganamos. Esto no es ni River ni Boca, es Estudiantes. Fue muy difícil y además nos mantuvimos, porque después de la del `68 tuvimos dos finales más". Entre anécdota y anécdota, recordó una que le hizo darse cuenta, con el pasar de los años, que lo conseguido fue realmente grande: "una vez nos llamaron para una nota porque festejaba San Lorenzo el título que nos ganaron en cancha de River. Cuando terminó, me agarró el Lobo Fischer y me dijo `Cacho, nosotros estamos festejando un campeonato, pero ustedes ganaron todo`. Entonces noto a través de los años que lo que hicimos fue muy grande".

NOCHE INOLVIDABLE

A la hora de recordar lo que vivió durante aquella final, Cacho Malbernat dijo que "tengo grabado el momento de cuando terminó el partido. Queríamos dar la vuelta pero no pudimos hacer mucho porque nos tiraban un millón de libras esterlinas en monedas. Nos juntamos, había un silencio total en el estadio, fuimos al vestuario y festejamos con la copa". Y contó que "llevábamos más de una hora después del partido y ellos hacían como un tercer tiempo, y a nosotros no nos dejaron entrar. Estábamos esperando para volvernos en micro a Lymm, que era donde estábamos. Cuando subimos al micro lloviznaba y se cantó el himno nacional. Llegamos, nos pedimos un té y realmente no tomamos noción de lo que había sucedido. Recién cuando llegamos acá empezamos a tomar la magnitud de lo que habíamos logrado".

En cuanto al juego en sí recordó que "ellos abrían bien la cancha y tiraban centros, porque tenían buenos cabeceadores. Los primeros minutos fueron bravos pero hicimos el gol y eso los puso más nerviosos. Por eso empezó la fricción, la imprecisión de ellos y por eso nosotros nos agrupamos, sin meternos atrás. Recién nos hicieron el gol al final".

"Los últimos minutos -siguió contando- fueron terribles porque en la última jugada tiraron un centro y vi que el Flaco Poletti levantó la mano, cabecearon y gritaron el gol. Ahí pensé que nos habían ganado. Pero cuando me di vuelta vi que todos mis compañeros se estaban abrazando, y el árbitro había terminado el partido, pero no lo escuché porque en el estadio había un griterío bárbaro. Después dimos una pequeña vuelta olímpica, que fue la más silenciosa del mundo".

Lo cierto es que Cacho reconoció que "nunca me sentí nervioso, pero esa confianza me la transmitían mis compañeros. Cada uno tenía que cumplir una función y lo hicimos. No salimos campeones del mundo por suerte ni de casualidad, le ganamos bien y eso fue lo que les dolió".

Para Malbernat este Estudiantes campeón del mundo tuvo humildad y grandeza para lograrlo "porque la humildad generó saber dónde estábamos parados, y la grandeza porque nunca nos achicamos. Esas dos palabras conjugan lo que fue el equipo". Palabra de Oscar Malbernat. Palabra del gran capitán.
 

ALBERTO POLETTI
"El negro Aguirre Suárez los corría hasta la casa"
Si bien pasaron 40 años, Alberto Poletti no puede borrar de su memoria el recuerdo por la obtención de la Copa del Mundo. "Haber salido campeón fue algo maravilloso e imborrable", recordó la gloria albirroja en un repaso actual con este diario de aquellos momentos.

En la actualidad, Poletti sigue ligado al fútbol pero desde la vereda de enfrente: es representante de jugadores. Se retiró joven por problemas de salud, y también pasó por varias intervenciones quirúrgicas por un problema de rodilla que lo obligaron a retirarse del fútbol antes de lo esperado . Pero el Flaco le mete un poco de humor: "Tengo artrosis. Pero también tengo más operaciones que el Banco Central".

Para el ex arquero de aquel equipo de Don Zubeldía, lo que los llevó a ganar en el Old Trafford de Manchester fue algo inexplicable. "No tengo una explicación exacta. Éramos muy jóvenes, todos de entre 22 y 24 años de edad en promedio, pero todos teníamos las mismas ansias y presentimiento de que íbamos a ganar algo. Cuando pasamos la primera ronda y lo logramos, ya teníamos la mente puesta en que podíamos llegar a la final, que la copa era nuestra. Eso era lo que nos inculcaba Osvaldo Zubeldía".

UN TEMIBLE RIVAL

El equipo del inglés Matt Bubys tenía todo los atributos para convertirse en temerario. Encima, el partido final, los ingleses tuvieron todo el público a su favor, lo que no era poco por lo que ello significaba. "El principal problema del Manchester era que el fútbol inglés tenía y sigue teniendo un juego aéreo muy fuerte. Pero Osvaldo (Zubeldía), con su estrategia, evitaba que las pelotas lleguen por arriba a nuestra área. Encima lo teníamos a Bilardo que era muy vivo y nos ordenaba dentro de la cancha", dijo sobre los mayores peligros del rival de la final.

El Estudiantes del 68´ tenía sello propio. Cada uno de sus jugadores le aportaba algo personal al equipo. Y la comunión de todos es lo que los llevó a alcanzar la hazaña. "Todo el equipo era bueno. Nuestros defensores corrían a los delanteros, Aguirre Suárez los corría hasta la casa, no los dejaba en paz. Adelante éramos efectivos y en el medio estaba el cerebro del equipo", rememoró.

Al Flaco Poletti le cayó la ficha tarde. No había tomado la real dimensión de lo que habían conseguido hasta que llegaron a La Plata con la Copa, en donde sintieron la revolución que habían causado. El recibimiento en el aeropuerto, la caravana incesante de coches por las calles de la ciudad, todo está grabado en su memoria. "No te dabas cuenta, entrenábamos por y para eso, entrenábamos todo el tiempo. Para que no te sorprendan el día de partido. Nosotros hacer cosas inesperada. Zubeldía fue un éxito, era un fenómeno, adelantado, todo lo que él hacía lo aplicaba en la cancha".

AYER Y HOY

"Yo llegué a Estudiantes en el año 64´ y pasé momentos inolvidables", rememoró el arquero Campeón del Mundo. Y a cuatro décadas de distancia rememora: "sin dudas que el mejor recuerdo que guardo de aquella época es el haber salido campeón, haber compartido con mis compañeros tantas cosas lindas y que por suerte estamos la mayoría activos, hoy nos seguimos viendo y recordando. Lo bueno el poder juntarnos cada tanto y recordar aquello".

Cuando el tiempo se lo permite, Poletti disfruta de un café con el doctor Madero, un nunca falta una llamada a Bilardo o a Pacha para saber como están y ni que hablar de esas cenas de "todos los que podamos juntarnos", según cuenta él mismo. Porque los colores rojiblancos los lleva en la sangre. Aunque tampoco se olvida de sus inicios en el Club Círculo Obrero Católico de Maldonado del barrio de Palermo Viejo hoy devenido en Palermo Hollywood, allí donde nació y donde se calzó por primera vez los guantes de arquero. ta cada viernes a cenar con sus amigos de barrio. "Pensar que ahora el metro cuadrado de mi barrio sale 10 mil dólares. Esto de Hollywood no tiene nada. De ser así, me hubiera criado con Paul Newman", remata con ese humor que todavía mantiene intacto.

JORGE KISTENMACHER

Un preparador físico de lujo
 

"Los muchachos se fueron formando como yo quería y como pretendía Osvaldo. Con una disciplina, una organización y temple, un cuidado de la salud y del hombre que no había en el fútbol argentino. Tipo germano, porque soy descendiente de alemanes. Sin látigo ni nada, sino que todo se hablaba con decencia en el trato y en la enseñanza. Todo rompió los moldes. Por supuesto que eran grandes jugadores, sino no hubiera servido. Era gente en su mayoría formada por Miguel Ignomiriello con cuyo trabajo nosotros continuamos. Zubeldía fue un estratega, adelantado a la época, con gran razonamiento futbolístico. Un gran compañero. Y tuvimos el respaldo total de un gran presidente como Mariano Mangano, el aporte del médico doctor Marelli, del kinesiólogo, el masajista, etc. Los jugadores fueron hombres que cumplieron cabalmente con su deber. Fueron compañeros, como hijos míos y no traté mal a nadie. Fue un trabajo maravilloso que luego en los 80 lo repetimos con Peñarol de Montevideo con el DT Bagnulo y también ganamos la Copa Intercontinental". Los recuerdos de Jorge Kistenmacher, el gran profesor
 

Héroes para toda la vida

Cada año, alguno de los protagonistas de la hazaña conseguida por Estudiantes en Old Trafford se encarga de aportar una nueva anécdota y vivencia de lo que fue esa noche inglesa mágica para la vida de la institución. Juan Ramón Verón y Oscar “Cacho” Malbernat son dos de los tantos jugadores que escribieron su nombre en la página de los consagrados, y El Clásico revivió con ellos aquellos momentos que nunca se olvidarán

 El tiempo, en lugar de esfumar recuerdos parece reavivarlos a cada instante. Al menos eso ocurre año a año con esta fecha tan especial e importante de la historia de Estudiantes.
Cada vez parecen surgir nuevas anécdotas, el inicio de la charla para recordar el gigantesco logro de Estudiantes en Inglaterra siempre es disparador de una historia que puede variar en algún matiz, pero que el eje es siempre el mismo: la consagración del Pincha en el mundo.
Pueden Madero, Poletti, el Bocha Flores o Bilardo aportar lo suyo. También Pachamé o Conigliaro contarían su propia historia, pero como tantas otras veces, El Clásico compartió el encuentro de dos viejos amigos que hoy se encuentran día a día en su casa, en Estudiantes, en el country, en la sede, en cada uno de esos rincones que pisaron e hicieron suyos durante años.
Juan Ramón Verón, hoy directivo, y Oscar “Cacho” Malbernat trabajando para el crecimiento de un club que los tiene y los tendrá como héroes para toda la vida.
“Otra vez nosotros”, rompió el hielo el padre de la “Brujita”, en referencia al encuentro con el capitán de aquel equipo que comandaba Don Osvaldo Zubeldía. “Y qué querés, si somos los que mejor estamos”, retrucó con una sonrisa Malbernat.
Al ser consultados sobre el más fiel recuerdo que tienen de aquella noche de Manchester, cada uno tiene su particular visión.
Juan Ramón Verón: “No hay un recuerdo en particular, y a la vez hay un montón. Lo que fue la llegada al país, y mucho más lo que fue la llegada a la ciudad. Pero si me preguntás del partido en sí no tengo ninguna imagen en especial. Sí lo que nos esperó acá, de eso me acuerdo todo”.
Oscar Malbernat: “Yo me acuerdo que terminó el partido, que tuve que esquivar algunas monedas que nos tiraban los ingleses, y que de repente estabamos todos nosotros, solos, festejando dentro de un vestuario. Porque la Copa nos la dieron en el vestuario, nada de levantarla en el medio de la cancha y dar la vuelta olímpica allá. Eso se me viene a la mente, y también como dice Juan todo lo que fue la llegada acá”.
Parece que la cuestión de la soledad de ese plantel en Old Trafford no pasó desapercibida, porque está en cada uno de los relatos.
Oscar Malbernat: “Es que cuando decíamos solos es porque estábamos solos. Sin periodistas, sin más gente que la que acompañaba la delegación. Por eso yo digo que allá en Inglaterra no teníamos dimensión de lo que logramos, y que sí supimos lo que conseguimos cuando llegamos al país”.
Interrumpió Verón y dijo: “Pero viste que con el pasar de los años parece que todos estuvieron allá, porque uno te dice, que esto fue así o esto fue de otra manera por los comentarios. Pero nosotros sabemos quiénes estaban”.
Oscar Malbernat: “Cuando salimos de la cancha, llegamos a donde nos alojábamos que era a 20 kilómetros de Manchester, y nadie hablaba del partido, y como que pasó desapercibido. Después en Italia sí ya comenzamos a sentir comentarios, y desde acá nos contaban lo que estaba pasando en las calles de la ciudad. Después lo comprobamos nosotros. Fue una locura”.
Y respecto al recuerdo que tienen de Zubeldía, gran laboratorista de semejante logro, cada uno tiene su reflexión, pero siempre muy coincidente sobre la obsesión por el trabajo del técnico.
Juan Ramón Verón: “Me acuerdo que Don Osvaldo no te dejaba festejar, ni te dejaba relajarte. A nosotros nos ofrecían pasar por todos los programas, y él decía que por favor no nos inviten porque ya teníamos que estar pensando en lo que iba a venir, que era la competencia que estábamos jugando”.
“Zubeldía era eso. Una persona que no disfrutaba casi de los éxitos porque terminaba un partido o un campeonato y ya estaba pensando en mejorar lo que se había hecho. A cada uno de nosotros nos dejó enseñanzas para la vida, pero no sólo la deportiva. La vida”, remarcó “Cacho”.
Comentaban que no se acordaban mucho del partido con Manchester, y que son otras las imágenes que les viene a la cabeza. ¿Pero qué sentían en aquel momento de cada uno de los choques con Manchester?
Juan Ramón Verón: “Creo que siempre tuvimos el convencimiento de que podíamos quedarnos con la Copa. En Inglaterra estaban contentos con el resultado de acá, pero el grupo se sentía seguro de lo que se había logrado en La Bombonera. Después ayudó el gol rápido de allá, porque estoy seguro de que eso nos dio tranquilidad para lo que fue después el partido. Encaramos el partido de otra manera”, sentenció el autor del gol del Pincha en Inglaterra.
Oscar Malbernat: “Además, el Manchester no era un equipo terrible, y en ninguno de los partidos demostró ser más que Estudiantes. Es cierto que había que jugar allá, pero siempre tuvimos confianza”.
“Yo también me acuerdo la anécdota que conté hace unos días sobre el minuto final. Los defensores estábamos de espaldas a la mitad de la cancha, no se veía bien, y el último pelotazo termina dentro del arco. Yo pensé que era el segundo gol de ellos, me di vuelta y estaban todos festejando en el medio, Poletti levantaba las manos, y ahí me di cuenta de que el final había sido antes de ese remate que los ingleses gritaron como gol”, recordó “Cacho”.
Cada momento de la historia tiene su particularidad. Ganar una copa intercontinental es importante en cualquier época, pero también cada década marcó una realidad distinta del fútbol y de la economía que moviliza hoy a este deporte.
Juan Ramón Verón: “¿Hacer plata? No apenas algún sponsor, unas camisetas, unos botines. Pero lo más importante es que conseguimos esto para Estudiantes. Conseguimos que 40 años después lo estemos recordando y que para cada fecha de estas nos hagan notas y nos pregunten mil veces qué pasó aquel día. Ese fue el premio más grande que conseguimos”.
Oscar Malbernat: “En esa época no había los medios de hoy, el fútbol no movía lo que movía hoy. Se jugaba por otras cosas. Es verdad que hoy un campeón como aquel Estudiantes movería millones de dólares. Pero era otra época muy distinta. Y nos tocó, por suerte vivir en esa época y conseguir ese logro”.
Para toda la vida
Hoy los hijos de los hijos de los hijos hablan de aquel 16 de octubre de 1968. Algunos saben en detalle lo que ocurrió en el partido de ida en la cancha de Boca, y lo que fue la previa de esa revancha en Manchester donde Estudiantes defendía la ventaja en medio de un clima de hostilidad. Pero aquellos que no conocen más que los datos estadísticos tienen la certeza de que un día de hace cuatro décadas el club que hoy es el de sus amores, consiguió el mayor logro que un equipo de fútbol puede conseguir.
-¿Toman dimensión de lo que consiguieron o necesitan que se lo digan a cada rato los hinchas para refrescar el valor de ese título?
Juan Verón: “La mayor satisfacción es que hoy Estudiantes sea lo que es. Que haya una concentración y un lugar de entrenamiento que ni el Real Madrid tiene. Esa es para mí la mayor satisfacción. Y eso se empezó a construirse hace muchos años. Aquel campeonato fue el camino que desemboca en lo que es hoy la institución”.
Oscar Malbernat: “La dimensión la tomamos nosotros, la tomó la gente, y con el tiempo, aunque costó un poco, también los medios. Yo creo que ese equipo se empezó a respetar con el tiempo. Me acuerdo que los rivales nos decían qué equipo tienen. Pero todos nos daban con un caño. Lo que pasa es que había buenos equipos, pero ninguno con tanta continuidad como tuvo ese equipo de Zubeldía.”
La palabra cábala siempre está a la orden del día en el fútbol, pero la “Bruja” prefiere hablar de costumbres, no de cábalas.
Juan Verón: “No podíamos cambiar la camiseta, porque no había más que ese juego. Así que mirá si cambiaron las cosas. En la final jugamos con esa blanca que tiene las dos rayas a los costados, y esa había que cuidarla, porque después la teníamos que seguir usando en la gira”.
Oscar Malbernat: “Esto es valioso para los que hoy estamos y también para los que ya no están y que fueron responsables. Hoy es por los 40 años, dentro de cinco será por los 45 y así con el pasar de los años. Es algo para siempre, y para Estudiantes.

 

Una gesta que marcó la historia de Estudiantes para siempre

El Pincha defendió con uñas y dientes en Old Trafford la ventaja que había conseguido en la Bombonera. El equipo de Zubeldía, con hombría y coraje, empató 1 a 1 con el Manchester United con gol de la Bruja Verón y se consagró campeón Intercontinental

 

La noche del 16 de octubre de 1968 cambió la historia de Estudiantes para siempre. Y también del fútbol argentino. Ante 60 mil ingleses, y con todos los pronósticos en contra, el equipo de Osvaldo Zubeldía se plantó con valentía y coraje en el estadio Old Trafford y se coronó campeón Intercontinental.
El Pincha defendió con uñas y dientes la ventaja que había conseguido 21 días antes en la Bombonera, en el partido de ida. Jugó como un auténtico campeón, con autoridad y atrevimiento, y logró una hazaña jamás igualada: festejar en territorio inglés.
Aquel 25 de septiembre, Estudiantes ganó por 1 a 0, y sacó pasaje a la gloria. A los 28 minutos del primer tiempo Marcos Conigliaro saltó más alto que todos y convirtió de cabeza el gol del triunfo sobre el Manchester United, y que a la postre resultaría decisivo para conquistar el torneo de clubes más importante del mundo.
En Inglaterra el conjunto albirrojo jugó con el corazón caliente y la mente fría. Y a los 7 minutos Juan Ramón Verón consiguió el gol que cuarenta años después sigue siendo una leyenda. Fue un centro cruzado desde la izquierda y la Bruja cabeceó con los ojos bien abiertos, por el segundo palo, para poner la pelota lejos del alcance del inglés Stepney.
La tranquilidad y el aplomo de Estudiantes dejó en evidencia la desesperación del Manchester, que pese a contar con varios integrantes de la Selección inglesa campeona del mundo del ‘66, sólo pudo quebrar el arco del Flaco Poletti a los 44 minutos del segundo tiempo y con un gol en posición adelantada.
Poletti se atajó todo, Malbernat corrió y metió, Aguirre Suárez fue guapo en rodeo ajeno, Madero demostró toda su clase, Medina no le dio un metro de ventaja a George Best, Bilardo puso toda su inteligencia al servicio del equipo, Pachamé trabajó y ordenó, Togneri fue tesón y garra, Ribaudo movilidad y despliegue, Conigliaro pura fuerza y voluntad. Y Verón convirtió el gol más importante de su carrera. Y de la vida de Estudiantes.
Cuando el yugoslavo Zacevic marcó el final, los héros de Old Trafford corrieron y se abrazaron, aunque pocos entendieron entonces que semejante logro deportivo los convertiría en ídolos eternos.
La vuelta olímpica duró pocos minutos. Desde las tribunas del estadio tiraban de todo, especialmente monedazos. En La Plata las calles se inundaban de hinchas festejando la hazaña. En Manchester un grupo de valientes había escrito la página más gloriosa de la historia del club.

 

 

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